martes, 29 de marzo de 2011

1º LECTURA: "LA PERSONALIDAD DE LA RADIO"

Cada uno de nosotros hemos sido dotados por el creador con un órgano base, que nos permite imaginar situaciones, sin la necesidad de verlos, este órgano es el oído.
El oído es un órgano fascinante, debido a la estructura que posee, sin pensar en la utilidad que puede ser para nuestro desarrollo mental, el cual, aumenta nuestra capacidad cognoscitiva e imaginativa, de lo que nos rodea y a su vez, es un oido atento.

Dicho esto, puedo afirmar con toda seguridad que no siempre “todo entra por los ojos”, puesto que tenemos un ojo interno en el alma, que permite recrear día a día momentos que nunca se podrían dar en la realidad. El oído es ese ojo interno que nunca se cierra, porque los empleamos a cada instante, y que si en algún momento se llegara a cerrar, todo, absolutamente todo lo que en cierto momento imaginamos, quedaría sólo en recuerdos.
Así como el oído nos permite soñar despiertos, en nuestro alrededor, hay un medio que lo complementa, para así traspasar fronteras y salir de los límites de la imaginación, y esa es la radio.





La radio no solo se encarga de informarnos del acontecer diario en nuestra ciudad o país, sino que brinda una "imaginación” garantizada. Y esto sólo depende de quienes están detrás de un micrófono: los radialistas; ellos son los encargados de recrearnos historias sólo con palabras, pero de una manera particular: tienen que contarla, como si la estuvieran viviendo. Como es el caso de Jackeline, una mujer que pese a su invidencia (ciega), vive con mucha emoción las historias que relata diariamente, y se siente bien consigo misma, porque le permiten ingresar a través de la radio, a cada uno de los lugares más recónditos de su ciudad. Ella trabaja en una radio comunitaria, y son estas quienes dan la oportunidad que se necesitaba no sólo a quienes sufren de algún impedimento, sino que de algún modo atinan a confiar en ellos, al entregarles el micrófono y así hacer magia con sus voces y nosotros, como radioyentes estaríamos conectados, “enganchados” por así decirlo y viviríamos mil y un emociones, expandiríamos nuestra imaginación a límites insospechados, pero eso sí, si un radialista se encarga de transmitir mensajes de forma seria o demasiado ceremonial, definitivamente no sería considerado(a) un(a) comunicador(a), ya que la labor que se cumple es de: 1) comunicar a la gente; 2) alegrarles en su momento con cada historia contada; y por último 3) ayudar a imaginar sin límites, porque lo esencial es lo invisible y es ello quien nos ayuda a descubrir y conocer a cada uno de nosotros.

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